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Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta. No era que tomaba posesión del mundo exterior, sino era que observaba si llovía. Y al recibir en el dorso de la mano el frescor del lento orvallo frunció el sobrecejo. Y no era tampoco que le molestase la llovizna, sino el tener que abrir el paraguas.

Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta. No era que tomaba posesión del mundo exterior, sino era que observaba si llovía. Y al recibir en el dorso de la mano el frescor del lento orvallo frunció el sobrecejo. Y no era tampoco que le molestase la llovizna, sino el tener que abrir el paraguas.

Página 167: Hay un orvallo en la escena (se llama orballo en lengua asturiana). Es como una lluvia liviana que es casi imperceptible. Esa precipitación es típica del norte de España. En la fotografía, se puede ver el orvallo. Viene de la niebla.

Página 167: Hay un orvallo en la escena (se llama orballo en lengua asturiana). Es como una lluvia liviana que es casi imperceptible. Esa precipitación es típica del norte de España. En la fotografía, se puede ver el orvallo. Viene de la niebla.

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